Cómo empezar una pequeña huerta con chicos, incluso con poco espacio
Una huerta puede parecer un proyecto enorme cuando pensamos en canteros, herramientas, muchas plantas y mucho espacio.
Pero para empezar con chicos no hace falta nada de eso.
Una maceta, un recipiente con buen drenaje, un poco de tierra y algunas semillas pueden ser suficientes para descubrir algo que para un niño puede resultar sorprendente:
poner algo diminuto debajo de la tierra y verlo transformarse en una planta.
La idea no es conseguir una huerta perfecta.
Es empezar.
1. Empezá con algo pequeño
No hace falta preparar diez macetas de una vez.
De hecho, para una primera experiencia puede ser mucho más interesante cuidar una o dos plantas y poder observarlas de verdad.
Puede servir:
- una maceta
- una jardinera
- un cajón adaptado para cultivar
- algún recipiente reutilizado con agujeros para que drene el agua
Lo importante es que el agua pueda salir y que la planta tenga espacio suficiente para desarrollar sus raíces.
Una pequeña huerta también es una huerta.
2. Elegí un lugar que puedan visitar seguido
Una de las cosas más lindas de cultivar con chicos es observar los cambios.
Por eso conviene que las plantas estén en un lugar accesible y visible.
Puede ser un rincón del patio, un balcón, una ventana luminosa o una pequeña zona del jardín.
La cantidad de sol que necesita cada cultivo puede variar, así que antes de sembrar conviene mirar qué condiciones necesita la planta elegida.
Pero hay algo igual de importante:
que puedan acercarse fácilmente a verla.
Si la maceta está en un lugar que recorren todos los días, aparecen naturalmente las preguntas:
“¿Salió algo?”
“¿Está más grande?”
“¿Por qué esa hoja cambió?”
3. No planten demasiadas cosas al principio
Cuando empezamos una huerta suele aparecer la tentación de sembrar de todo.
Con chicos, menos puede ser más.
Elegir unas pocas especies permite seguir realmente lo que sucede con cada una.
Para empezar pueden buscar cultivos sencillos apropiados para la época del año y para el lugar donde van a plantar.
También pueden usar algunas semillas que ya tengan en casa y experimentar, entendiendo que no todas necesariamente van a germinar.
Eso también es parte de la experiencia.
4. Que tengan una tarea propia
La huerta se vuelve mucho más interesante cuando el chico puede participar y no solamente mirar lo que hace el adulto.
Según la edad, puede encargarse de cosas sencillas como:
- poner una semilla
- cubrirla con un poquito de tierra
- regar
- mirar si el suelo está húmedo
- buscar hojas nuevas
- observar si llegaron insectos
- ayudar durante la cosecha
No hace falta que haga todo.
Una pequeña responsabilidad ya puede generar la sensación de:
“Esta es mi planta y yo la estoy cuidando.”
5. Marquen dónde sembraron
Después de poner una semilla debajo de la tierra ocurre algo curioso:
aparentemente, no pasa nada.
Y para un chico puede ser difícil recordar exactamente dónde estaba.
Pueden colocar al lado una pequeña piedra, un palito o un cartel casero.
Incluso pueden dibujar qué plantaron.
Después empieza la espera.
Mirar un pedacito de tierra aparentemente vacío y descubrir un día un pequeño brote puede ser una de las partes más lindas de todo el proceso.
6. Conviertan la observación en un juego
No hace falta quedarse solamente con “regar la planta”.
También pueden observar:
¿Apareció una hoja nueva?
¿Todas las hojas tienen la misma forma?
¿De qué color es el tallo?
¿Hay algún insecto cerca?
¿La planta cambió desde ayer?
¿Hacia dónde está creciendo?
Incluso pueden hacer un dibujo cada semana y comparar cómo fue cambiando.
Si les gustó esta forma de explorar, también pueden probar las 7 actividades de naturaleza para hacer con chicos sin comprar nada que compartimos en Mundo Hoia.
7. Dejen que algunas cosas salgan mal
Una semilla puede no germinar.
Una planta puede crecer diferente de lo esperado.
Puede aparecer un insecto.
O alguien puede entusiasmarse demasiado con la regadera.
No significa que la experiencia haya fracasado.
Una huerta también permite descubrir que cultivar implica observar, esperar, probar y volver a intentar.
No todo tiene que terminar en una planta perfecta para que haya valido la pena.
8. Y si llega la cosecha, disfruten el momento
Cuando finalmente aparece algo que se puede cosechar, el resultado es mucho más que una verdura o una aromática.
Está la historia de haber puesto la semilla, esperado, regado y visto crecer la planta.
Pueden cosechar juntos, observarla y, si es un cultivo comestible apropiado, incorporarlo después a alguna comida.
La conexión entre semilla → planta → alimento deja de ser una idea abstracta y se convierte en algo que pudieron ver suceder.
La huerta también puede ser un lugar para contar historias
Cuando empezamos a mirar una huerta con atención aparecen pequeños personajes por todos lados.
Una semilla que intenta abrirse paso.
Una abeja que visita una flor.
Una lombriz escondida bajo la tierra.
Una planta que busca la luz.
Y de pronto ese pequeño espacio puede convertirse también en un lugar para imaginar.
Historias de la comunidad de la huerta nació justamente de esa mirada: convertir lo que sucede entre plantas, animales y pequeños habitantes de la huerta en historias para compartir con las infancias.