Publicado en Libros, na...
Sábado, 19 de Septiembre del 2026

7 actividades de naturaleza para hacer con chicos sin comprar nada

7 actividades de naturaleza para hacer con chicos sin comprar nada

No hace falta preparar una gran salida ni comprar materiales especiales para que los chicos se acerquen a la naturaleza.

Un patio, una plaza, una vereda con árboles o incluso unas pocas macetas pueden convertirse en un lugar lleno de cosas para observar, tocar y descubrir.

La idea no es enseñar una “clase de naturaleza”, sino abrir un espacio para la curiosidad.

1. Buscar colores en la naturaleza

Elegí un color y salgan a buscar cosas naturales que se acerquen a ese tono.

Puede ser:

  • una hoja verde clara
  • una flor amarilla
  • una ramita marrón
  • una piedra gris
  • una hoja seca rojiza

Después pueden cambiar de color y empezar otra búsqueda.

Lo interesante es que enseguida aparece algo que muchas veces pasamos por alto: en la naturaleza casi nunca existe un solo verde, un solo marrón o un solo amarillo.

Hay tonos, manchas, nervaduras y cambios que se descubren recién cuando nos detenemos a mirar.

2. Armar una colección de pequeños tesoros

Durante un paseo pueden juntar algunas cosas que ya estén caídas:

  • hojas
  • ramitas
  • semillas
  • cortezas desprendidas
  • piedritas
  • frutos secos

La consigna importante es sencilla: observar y recoger sin arrancar plantas ni molestar animales.

Al volver, pueden ordenar lo encontrado por tamaño, color, textura o forma.

No hace falta conservarlo para siempre. Incluso pueden armar la colección, observarla un rato y después devolver todo al jardín.

3. Encontrar la hoja más…

Este juego puede empezar con preguntas:

¿Encontramos la hoja más grande?

¿Y la más pequeña?

¿La más suave?

¿La más áspera?

¿Una con agujeritos?

¿Una que tenga dos colores?

Además de entretener, obliga a mirar con más atención.

Dos hojas que parecían iguales desde lejos pueden resultar completamente diferentes cuando las tenemos cerca.

4. Hacer una expedición de insectos

No necesitamos atraparlos.

Podemos simplemente buscar y observar:

  • hormigas
  • abejas
  • mariposas
  • escarabajos
  • arañas
  • bichitos debajo de una hoja

Podemos preguntarnos:

¿Dónde estaba?

¿Qué estaba haciendo?

¿Caminaba, volaba o estaba quieto?

¿Estaba solo o había más?

La idea es aprender a mirar pequeños animales sin tocarlos ni lastimarlos.

Muchas veces, quedarse quietos unos minutos revela mucho más que correr tratando de encontrarlos.

5. Seguir el viaje de una semilla

Busquen alguna semilla del jardín o de una fruta que tengan en casa.

Antes de plantarla pueden observar:

  • su tamaño
  • su forma
  • su color
  • si es lisa o rugosa

Después pueden ponerla en tierra y dejar una pequeña marca para recordar dónde está.

A partir de ahí empieza otra actividad: volver cada algunos días para descubrir si algo cambió.

No todas las semillas germinan, y eso también forma parte de observar cómo funciona la naturaleza.

6. Hacer un dibujo de observación

Elegí algo sencillo:

una hoja, una flor, una piedra, una ramita o una planta.

En vez de dibujarla “de memoria”, propongan mirarla mientras dibujan.

No importa que el dibujo quede perfecto.

La gracia está en empezar a descubrir detalles:

¿La hoja tiene líneas?

¿El borde es liso o dentado?

¿La flor tiene todas sus partes del mismo color?

¿La rama es realmente marrón uniforme?

Dibujar puede convertirse en otra manera de aprender a mirar.

7. Elegir un pequeño lugar y volver a visitarlo

Puede ser un árbol de la plaza, una maceta, un rincón del jardín o una planta de la vereda.

La idea es elegir siempre el mismo lugar y volver cada tanto.

Pueden observar:

  • si aparecieron hojas nuevas
  • si cayó alguna
  • si hay flores
  • si llegaron insectos
  • si el suelo está húmedo o seco
  • si algo cambió desde la visita anterior

Con el tiempo, un lugar que parecía siempre igual empieza a mostrar pequeños cambios.

Y ahí aparece una idea muy linda: la naturaleza no está quieta, aunque a veces parezca que sí.

No hace falta convertirlo en una tarea

Estas actividades no necesitan tener una respuesta correcta.

Si un chico empieza buscando hojas y termina siguiendo una fila de hormigas durante veinte minutos, la actividad no salió mal.

Probablemente pasó algo mejor: apareció una pregunta propia.

A veces nuestra tarea como adultos puede ser simplemente acompañar esa curiosidad y dejar un poco de espacio para mirar.

Pequeñas experiencias que pueden quedar en la memoria

Un paseo por la plaza, una semilla que finalmente brota o una mariposa que se queda unos segundos sobre una flor parecen cosas pequeñas.

Pero pueden convertirse en esos momentos que hacen que un chico empiece a sentir que la naturaleza no es algo lejano.

Está ahí, alrededor.

Y siempre hay algo nuevo para descubrir.

De observar la naturaleza a imaginar sus historias

Cuando los chicos empiezan a mirar con atención una planta, una semilla o un pequeño insecto, también empiezan a aparecer preguntas:

¿Qué pasará debajo de la tierra?
¿Cómo sabe una semilla cuándo crecer?
¿Qué ocurre en una huerta cuando nosotros no estamos mirando?

La observación y la imaginación pueden ir de la mano.

Por eso, después de explorar afuera, también puede ser lindo seguir ese viaje a través de los cuentos: transformar una huerta en un pequeño mundo lleno de personajes, descubrimientos y aventuras.

Historias de la comunidad de la huerta nació justamente desde esa idea: acercar la naturaleza a las infancias a través de historias que invitan a mirar con otros ojos lo que crece a nuestro alrededor.

Conocé Historias de la comunidad de la huerta →